Un documento histórico hallado en Tucumán, casi dos siglos después, permite reconstruir cómo las autoridades argentinas comunicaron la ocupación británica de las Islas Malvinas en 1833. La carta fue escrita apenas 18 días después de la toma del archipiélago.
El documento, hasta ahora inédito, consta de cuatro hojas. Fue firmado por el entonces gobernador de Buenos Aires, Juan Ramón Balcarce, y enviado al gobernador de Tucumán, Alejandro Heredia.
El material fue localizado por integrantes del Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán durante tareas de recuperación y conservación del patrimonio documental.
Su importancia radica especialmente en la cercanía temporal con los acontecimientos. El escrito está fechado el 21 de enero de 1833, mientras que la ocupación británica se había producido el 3 de enero.
No se trata, por lo tanto, de una reconstrucción realizada décadas después. Es un documento administrativo producido cuando las noticias sobre lo ocurrido todavía llegaban a las autoridades de las Provincias Unidas del Río de la Plata.
Una denuncia escrita apenas 18 días después de la ocupación británica
En la carta, Balcarce manifestó su “disgusto” ante la noticia de la “violencia y abuso de la fuerza en las Malvinas, ejecutado por un buque de guerra de S. M. B. (Su Majestad Británica)”.
El documento constituye así un testimonio contemporáneo de la reacción argentina ante los acontecimientos de enero de 1833.
También permite observar cómo el Gobierno bonaerense interpretó desde el primer momento la acción británica como una vulneración de los derechos reclamados por la Argentina sobre las islas.
El oficio tiene como base el parte oficial presentado por el comandante José María Pinedo después de regresar al continente al mando de la goleta de guerra Sarandí.
La embarcación llegó a las balizas exteriores de Buenos Aires el 18 de enero de 1833. Tres días después, Balcarce formalizó por escrito lo ocurrido.
La llegada de la HMS Clio a las Islas Malvinas
El contexto previo a la ocupación muestra que las islas atravesaban una situación especialmente compleja.
En diciembre de 1831, la fragata estadounidense USS Lexington había atacado Puerto Soledad y debilitado la presencia local. Buenos Aires intentó posteriormente reconstruir el asentamiento y designó a Francisco Mestivier como comandante civil y militar.
La Sarandí trasladó al nuevo responsable hasta las islas. Sin embargo, una sublevación terminó con el asesinato de Mestivier.
Pinedo regresó a Puerto Soledad el 31 de diciembre de 1832 y consiguió restablecer el orden. Apenas dos días después apareció la corbeta británica HMS Clio.
El momento decisivo comenzó el 2 de enero de 1833. Según el relato transmitido por Pinedo, los argentinos enviaron inicialmente dos oficiales con ofrecimientos de atención y amistad.
Horas más tarde, el comandante británico John Onslow subió a la Sarandí acompañado por dos oficiales. Allí comunicó que había llegado para tomar posesión de las Islas Malvinas en nombre de la Corona británica.
Pinedo recibió entonces una exigencia concreta: el pabellón argentino debía ser retirado en un plazo de 24 horas.
Un contacto inicialmente diplomático se había convertido en un ultimátum respaldado por la capacidad militar británica.

José María Pinedo rechazó el ultimátum británico
Pinedo rechazó la exigencia. Argumentó que su deber le impedía aceptar una medida que consideraba injusta sin recibir instrucciones de su Gobierno.
También recurrió a las relaciones existentes entre Buenos Aires y Londres para intentar detener la operación.
Cuando recibió formalmente la intimación británica durante la noche, evaluó la posibilidad de resistir. Sin embargo, encontró dificultades militares que consideró insuperables.
Envió una nueva comisión para protestar y advertir que, si Londres utilizaba la fuerza, se vería obligado a resistir. La delegación regresó después de las diez de la noche sin haber conseguido entrevistarse con Onslow.
A las seis de la mañana del 3 de enero, Pinedo realizó un último intento. Acudió personalmente a bordo de la HMS Clio.
Onslow mantuvo su decisión y aseguró que disponía de fuerzas suficientes y esperaba refuerzos.
El comandante argentino responsabilizó entonces a Gran Bretaña por lo que calificó como una violación de los respetos debidos a la República. Además, se negó a ser quien retirara la bandera argentina.
Antes de abandonar el establecimiento dejó una orden escrita para impedir que sus propios hombres arriaran el pabellón.
Las tropas británicas desembarcaron el 3 de enero de 1833
A las nueve de la mañana, tropas británicas desembarcaron desde tres botes. Izaron su bandera en una construcción ubicada a varias cuadras de la comandancia y posteriormente retiraron la argentina.
La diferencia de fuerzas permite comprender la decisión adoptada por Pinedo.
La HMS Clio disponía de 18 cañones y aguardaba la llegada de la corbeta HMS Tyne, equipada con otros 28. La posición argentina era claramente inferior.
La Sarandí permaneció algunos días en las islas antes de zarpar el 5 de enero.
El episodio terminó sin una batalla abierta. Sin embargo, dio comienzo a una controversia territorial que atravesaría gobiernos, guerras y profundas transformaciones del sistema internacional.
Balcarce denunció “violencia y abuso de la fuerza”
Uno de los aspectos más significativos del documento es la posición asumida por el Gobierno de Buenos Aires inmediatamente después de conocer los acontecimientos.
Balcarce describió la acción británica como un acto de “violencia y abuso de la fuerza”.
La protesta contenía además un argumento diplomático relevante. Buenos Aires señalaba que la acción había sido ejecutada por un Estado con el cual mantenía tratados de amistad y comercio.
De esta forma, la disputa no fue concebida únicamente como una cuestión militar.
Desde aquellas primeras semanas comenzó también a plantearse como una controversia política, jurídica y diplomática.
La carta indica que el Gobierno sostendría “los derechos de la República Argentina” y realizaría gestiones ante Londres para obtener una reparación y el reconocimiento de los derechos reclamados sobre las Malvinas.
El documento permite observar así el nacimiento de una protesta diplomática prácticamente contemporánea a la ocupación.
Por qué la carta hallada en Tucumán tiene valor histórico
El destinatario del oficio también resulta significativo.
Según explicó el director del Archivo Histórico de Tucumán, Javier Critto, la provincia tenía una importante relevancia política dentro de las Provincias Unidas.
“Era una de las provincias más importantes y por eso el primer parte se lo daban al gobernador de Tucumán”, explicó Critto.
Desde el Archivo Histórico consideraron que el hallazgo representa un aporte relevante para la preservación de la memoria provincial y nacional.
“Es un documento inédito y fundamental para nuestra memoria. Nos permite saber que las Malvinas siempre han sido argentinas”, sostuvo el director del organismo.
Más de 190 años después, las cuatro hojas conservadas en Tucumán vuelven a colocar aquellas jornadas frente al presente.
Un testimonio contemporáneo al inicio de la disputa por Malvinas
El hallazgo no reemplaza el amplio conjunto de antecedentes históricos, diplomáticos y jurídicos vinculados con la cuestión Malvinas. Su valor reside en otro aspecto: permite conocer cómo las autoridades argentinas registraron los acontecimientos inmediatamente después de ocurridos.
La carta muestra que la reacción oficial y el reclamo argentino no surgieron décadas después.
Apenas 18 días después de la ocupación, un documento oficial ya hablaba de “violencia y abuso de la fuerza” y anticipaba la defensa de “los derechos de la República Argentina”.
La presentación del material se realizó en el marco de un ciclo de conferencias impulsado por el Archivo Histórico de Tucumán.
La iniciativa busca combinar la conservación documental con actividades de divulgación y reflexión sobre distintos acontecimientos históricos.
El secretario de Gobierno y Relaciones Institucionales, Raúl Albarracín, destacó en ese contexto la importancia de construir una “memoria activa” y acercar el patrimonio documental a la comunidad.
Las actividades se desarrollan en la sede del Archivo Histórico de la Provincia de Tucumán, en San Miguel de Tucumán, y son de acceso libre y gratuito.
Casi dos siglos después, aquella carta permite escuchar la voz administrativa de quienes recibieron las primeras noticias de la ocupación.
Mientras la Argentina y el Reino Unido mantienen la controversia de soberanía, el documento recuperado en Tucumán aporta un testimonio escrito en enero de 1833: la protesta argentina comenzó prácticamente al mismo tiempo que la ocupación británica de las Islas Malvinas.

